Recuerdo esa tarde de marzo como si estuviera allí mismo otra vez, como si el tiempo se hubiera parado y estuviera viviendo ese mismo momento por segunda vez, hacia mucho frio, nevaba y las carreteras casi estaban impracticables, tanto que para hacer un trayecto que normalmente se suele hacer en una hora, tardamos ese día casi tres. Había llegado a lo que sería en un principio mi casa por un largo tiempo, por lo menos hasta que cumpliera la mayoría de edad, más o menos como unos tres años.
Días antes un comité estuvo en el hospicio de Segovia donde me encontraba haciéndome una pruebas de coeficiente intelectual y pruebas de nivel de estudios que había adquirido hasta los 15 años que era la edad que tenía en ese momento, fui afortunado, me seleccionaron para estudiar en un internado que en Valladolid se había creado a través de una fundación llamada Nueva vida, esta fundación busco por toda nuestra comunidad personas con un coeficiente intelectual alto y con gran dote para los estudios, para sufragarles los estudios al que no pudiera, y dar un nivel más alto a los que pudieran costeárselos y estaban en colegios e institutos recibiendo estudios más bajos de los que podían estar cursando.
Ese día llegue al internado, no tenía nada que perder después de haber perdido a mi segundo padre hacia poco, total todo sería mejor que volver a quedarme en el hospicio en el que ya había estado de pequeño, hasta que cumpliera la mayoría de edad, muchos malos recuerdos, muchos malos momentos por segunda vez, llegar a Valladolid era como evadirme de la maldita ciudad que tanto mal me había dado hasta ese mismo momento.
Cuando llegue al internado todos los que serian mis compañeros estaban en clase, el director que por su cara se veía que tenía unos cuantos añitos, pero que iba vestido como un roquero, chupa de cuero y vaqueros, me recibió y me ayudo a instalarme enseñándome un poco como era en centro. Después de comer y de haber estado con el unas cuantas horas divagando por todo el internado aprendiendo donde iba a estudiar y vivir, el me dejo a la puerta de la que sería mi primera clase en dicho centro, quedaban unos poco minutos para empezar la clase y estaba bacía, casualidades de la vida, era teología cristiana, y después de lo que había vivido años atrás no me resultaba nada interesante el entrar, ya que hacía ya tiempo que había perdido la fe en dicha religión, detrás mía estaba la puerta de salida del internado , y sin pensarlo me dirigí a ella con paso firme y sin mirar atrás.
Traspase la puerta y me quede mirando la calle nevada mientras por mi mejilla resbalaban unas lagrimas, me senté en el escalón de la entrada y me quede mirando a la gente que pasaba de frente mientras me lamentaba y a la vez me encorajinaba por lo que había sido mi vida en todo lo que llevaba vivido hasta el momento. Un timbre sonó dentro del edificio y el bullicio de la gente se escuchaba por los pasillos, seguí inmóvil sentado en ese escalón frio y en un par de minutos el bullicio se convirtió otra vez en silencio.
La puerta sonó mientras se cerraba y una voz exclamo algo parecido a “Todo bien”, me gire y vi a un chico muy moreno, más o menos de mi edad y altura, un poco más fuerte que yo y con un par de libros en sus manos, con desprecio le dije que me dejara tranquilo y el apoyo su mano en mi hombro sin decir nada, me levante le mire a la cara y me di la vuelta mientras me encaminaba a la calle, el con una voz me hizo parar. Me di la vuelta y él me exclamo, ¡eso de ahí afuera ahora puede ser algo apetecible y hasta una buena idea!, ¿pero mañana qué?, enrabietado me dirigí hacia donde estaba el, le amare de la pechera del chaleco que llevaba, ¡Tu qué coño sabrás!, le decía mientras le apechugaba y le empujaba contra la puerta golpeándola tanto que los de adentro oyeron el golpe. Un cura salió por la puerta para parar mi agresión pero el dejo caer sus libros al suelo y puso su mano en el pecho del cura y con un gesto de su cabeza hizo que volviera a entrar mientras que vociferaba “señores todos dentro, el espectáculo se acabo”.
¡Si estás aquí es porque tienes un futuro privilegiado delante de ti!, ¡no hay nada en la vida que pueda parar a una persona!, ¡pero aquí adentro, nos darán las herramientas para que nuestras vidas tengan el sentido que ahora no vemos!, ¿y ahí afuera amigo que encontraras?, fueron sus palabras mientras apartaba mis manos de su pecho, se aporto y recogió los libros caídos en el suelo mientras siguió diciéndome, ¡yo no sé nada, como tú has dicho!, ¡pero si te digo una cosa, yo apostaría por buscar lo que quieres encontrar en la vida!, ¡yo ya hice mi apuesta, tu haz lo que quieras!, ¡haaaaa, por cierto, te perderás el magnífico chocolate que Don Juan nos hará después de las clases si te marchas!, mientras sonreía me dio dos palmaditas en el hombro y se metió para dentro topándose con el director del centro en la puerta que se acerco haber que había pasado, el se paro hablar con el director y yo le veía hace gestos como explicándole lo que había pasado, agarro al director del brazo y no le dejo salir.
Me aparte hasta un árbol que limitaba la puerta del internado con la calle, me apoye en él y sin haber reaccionado todavía de lo que acababa de pasar, pensaba en las palabras que ese chico me había dicho, miraba la puerta mientras mi cabeza me pedía salir corriendo por la calle, mientras mi corazón me decía que entrara. Así quede mucho tiempo, estaba anocheciendo y el frio era más intenso. No me movía, estaba llorando mis penas allí, lejos de la ciudad que había sido mi casa, lejos de lo poco que me quedaba atrás y maldiciendo mi mala suerte al perder otra vez los que habían sido mis padres por unos años.
La puerta se volvió abrir, y el mismo chico con el que había tenido el altercado sacaba entre sus manos una taza blanca que humeaba. ¡heyyy!, ¿qué pasa tío?, ¡si sigues hay parado con el frio que hace te quedaras como la estatua que tienes a tus espaldas!, sonreía mientras se acercaba hacia mí, mire hacia atrás para ver si me menita y cuando comprobé que no me reí mientras me secaba las lagrimas de la cara. ¡Te puedo asegurar que Don Juan como profesor no es nada bueno, pero haciendo chocolate es una eminencia!, soltó una carcajada y me acerco la taza de chocolate para que la cogiera, ¡si no te has marchado ya, creo que después de probar el chocolate no lo harás!, me comentaba mientras reía cuando yo daba un sorbo de la taza calentita, ¡Me llamo David!, ¿y tú?, no le conteste, seguía bebiendo el chocolate caliente que mi cuerpo estaba aceptando de maravilla. ¡Bien silencioso, no te molesto más!, se dio la vuelta mientras se dirigía a la puerta, ¡gracias!, le dije mientras le veía alejarse, se dio la vuelta y se dirigió otra vez hacia mí, se apoyo en el árbol y empezamos hablar los dos durante un buen rato.
Salieron un grupo de chicos y chicas a la puerta a llamarnos, querían que entráramos a por mas chocolate que se estaba ya acabando, el me miro a la cara y me puso su mano en el hombro. ¡Vamos, son muy tragones y nos quedaran sin chocolate!, ¡a demás tú te has tomado el mío!, se rio y los dos nos encaminamos a la puerta donde nos estaban esperando los que hoy en día son mis amigos del alma, mis hermanos. Una vez dentro uno a uno se fueron presentándome, y fue la primera vez que sentí que ese grupo de personas seria desde ese mismo momento las personas que acapararían el espacio vacío que había dejado mi familia.
Casualidades de la vida, ese mismo chico era mi compañero de cuarto, desde aquel día nuestra amistad fue creciendo hasta el punto como dicen nuestros amigos, que nos adoptamos como hermanos mutuamente. La vida nos llevo a los dos juntos por muchas locuras, sobre todo en nuestros primeros años en el internado, proyectos que empezamos desde que estudiábamos juntos en la universidad de filosofía hasta hoy mismo que dirijo uno de ellos, aventuras miles cada vez que nos juntábamos, alegrías de ver como uno y el otro cosechábamos en nuestra vida, dolor por la pérdida de personas queridas que nos rodaban y que amábamos, pero sobre todo esa amistad que se fraguo bajo la nieve, nos ha dado a los dos la persona que nos hacía falta para vivir todo lo que hemos vivido.
¡Hoy!, en una terraza de Barcelona tomando solo ese chocolate que tanto nos gusta a los dos, después de haberle visitado donde el siempre quiso descansar, me doy cuenta que ahora no tengo a mi lado a esa persona que ha vivido todo lo bueno que en mi vida a pasado. Que esta vez, si estoy solo para afrontar los años que me puedan quedar, y no como cuando nos conocimos, que sus preciados consejos les tendré que sacar de la memoria ya que él no se encontrara a mi lado físicamente, que cuando me equivoque no le tendré martirizándome por teléfono como era lo habitual, que ya no tendré que preocuparme de esas idolatrías locas que pasaban por su cabeza, y sobre todo no tendré que discutir mas que no somos iguales, porque como sabia el perfectamente dese hace ya muchos años, ¡más iguales no podemos ser!.
La vida me había hecho tan duro que las lágrimas no habían vuelto a salir por mis ojos por muy duro que fuera el golpe recibido. Después de cumplir con lo último que acordamos, hoy he llorado tu partida, y solo hoy, porque mañana tendré que ser otra vez Drui, el que a las desgracias le pone buena cara, el que cuida y vela de todos tus protegidos como te gustaba llamarles, porque como bien sabes, lo mío siempre ha sido tulló, y lo tulló siempre ha sido mío. No dudes ni un momento que me en mi encontraran lo que encontraban en ti, ¡mas diría yo!, porque tengo ventaja, te saco la partida de que también son mis protegidos desde el mismo día que empezaron a ser los tuyos. Hermano, debo que seguir viviendo, en mi corazón siempre te llevo, pero después de haber llorado durante todo el día tu partida, ¡he cumplido!, si el año que viene sigo por estos lares, llorare el día antes, el día después estaré con ellos como somos tu y yo, ¡FUERTES!.
Abud an dai, que allí donde quieras que estes me esperas con una taza de chocolate como el mismo día que nos conocimos.
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